jueves, 22 de abril de 2010

¿CUAL ES EL PESO CORRECTO PARA MÍ?




Los programas de televisión, las películas y las revistas muestran imágenes de personas delgadas. ¿Eso significa que estar delgado es lo mejor? No necesariamente.

Como personas, tenemos distintos tamaños y formas, y el mejor peso para ti es el que te corresponde según el tipo y el tamaño de tu cuerpo. Puede ser poco saludable ser demasiado delgado si estás comiendo menos alimentos que los que tu cuerpo necesita. Comer suficientes alimentos es como poner gasolina en un automóvil, ¡si se acaba la gasolina, deja de funcionar!

Tener sobrepeso tampoco es bueno. Es posible que los niños con sobrepeso no estén recibiendo la nutrición adecuada si los alimentos que comen tienen muchas grasas y calorías pero carecen de los demás nutrientes necesarios para mantenerlos fuertes y saludables. La mejor solución consiste en comer una variedad de alimentos saludables, sin olvidarnos de las frutas y verduras. Así tenemos combustible de gran calidad en nuestro tanque y estamos listos para todo.

Todos necesitamos una dieta saludable y balanceada para crecer, combatir las infecciones, tener un buen rendimiento en la escuela y los deportes, y sentirnos bien simplemente. Por esa razón, sigue leyendo este artículo y sabrás cuál es el peso correcto para ti.

¿Qué es lo que me hace tener el peso que tengo?
Esta pregunta no se puede responder fácilmente. Tu composición genética, los rasgos físicos que heredaste de tus padres, son sumamente importantes a la hora de determinar tu tamaño y tu peso.

Lo mismo se puede decir de tu tipo corporal. ¿Alguna vez has escuchado que alguien llama a una persona "huesuda"? Es una forma de decir que esa persona tiene un gran cuerpo con un gran esqueleto. Los huesos grandes suelen pesar más que los huesos pequeños. Por esa razón es posible que dos niños con la misma estatura, pero pesos diferentes, tengan ambos el peso adecuado.

Al igual que tu estatura o el tipo de tu cuerpo, tus genes determinan en gran medida el peso que tendrás. Pero ésos son sólo algunos de los factores. El sobrepeso puede ser una característica común en la familia de una persona, pero es posible que no se deba a sus genes. Los malos hábitos de comidas y la falta de ejercicio también pueden ser una característica común en una familia y pueden ser la causa del sobrepeso en sus miembros. Y aun cuando algunos niños aumentan de peso con mayor facilidad que otros, si comen correctamente y hacen ejercicio, la mayoría de los niños pueden tener un peso saludable y satisfactorio que sea el adecuado para ellos. Es cierto: tu forma de vida puede cambiar tu aspecto físico.

Tu peso es el resultado del equilibrio entre las calorías que comes y las calorías que quemas. Si comes más calorías que las que necesita tu cuerpo, aumentarás demasiado de peso. Si en tu tiempo libre te dedicas a ver televisión, tu cuerpo no quemará tantas calorías como si te pusieras a jugar baloncesto, patinar o incluso caminar. Si logras ese equilibrio, tu peso seguirá siendo el adecuado para ti durante tu crecimiento. Pero si comes más y haces menos ejercicio, puedes llegar a tener sobrepeso. Por otra parte, si comes menos y haces más ejercicio, puedes adelgazar.

¿Qué ocurre si creo que mi peso no es el correcto?
Primero, habla con tu mamá o tu papá. Ellos podrían aconsejarte sobre cómo comer saludablemente y hacer ejercicio. Seguidamente, piensa en las formas de ayudarte a conseguir el peso correcto. Incluso cambios pequeños pueden ponerte en el buen camino. Por ejemplo, si tienes sobrepeso, bastan 10 minutos de ejercicio tres veces al día para marcar la diferencia. Hay muchas formas de mantenerse activo: practicar deportes en equipo (como baloncesto o voleibol), tomar clases de defensa personal, trabajar en el jardín de tu hogar, bailar, correr, nadar e incluso dar paseos por un centro comercial. Haz que el ejercicio sea divertido para ti escogiendo actividades que te gusten. Por ejemplo, da un paseo con tu perro por la mañana, juega con tus amigos al mediodía y ayuda a tu mamá en el jardín por la tarde.

La mayoría de los niños que pesan menos que otros niños de su edad normalmente están bien de salud y no necesitan hacer un esfuerzo para comer más si no tienen hambre. Recuerda: un peso más bajo puede ser el peso correcto para alguien que tenga una estatura menor a la estatura promedio. Los cuerpos de muchos niños que pesan menos que el promedio simplemente están creciendo y cambiando con mayor lentitud y con frecuencia alcanzan a los demás en tamaño más adelante en la adolescencia. Algunos niños pueden tener menos peso debido a problemas de salud. Si tú o tus padres están preocupados por este problema, pídeles que hablen con tu médico. Aunque tengas menos peso que lo normal, es importante elegir alimentos saludables; las pautas de nutrición de la Pirámide nutricional pueden ayudarte en este caso y los ejercicios siguen siendo una excelente idea, ¡sobre todo porque ayudan a desarrollar músculos fuertes!

¿Cuándo debo consultar a un médico o a un nutricionista?
Siguiendo los consejos de tus padres, siempre dispondrás de muchas maneras para hacer cambios por tu cuenta; pero si necesitas más ayuda, pídeles a tus padres que consulten a un médico o a un nutricionista diplomado. Estos profesionales tienen tablas que indican los límites de peso saludable para los niños de cualquier estatura y edad, por eso te podrán ayudar a determinar si tienes el peso correcto.

También puedes aprender cuáles son los alimentos saludables. Muchos médicos y nutricionistas utilizan las pautas de nutrición de la Pirámide nutricional porque muestran la variedad de alimentos que tu cuerpo necesita y la cantidad de los diferentes grupos de alimentos que debes comer para mantenerte saludable. Para que tus músculos, huesos y células del cerebro puedan crecer y funcionar correctamente, debes comer alimentos de los principales grupos alimenticios: granos (que encontrarás en el pan, los cereales y las pastas), frutas y verduras, carnes, aves de corral (como el pollo), nueces y frijoles, productos lácteos y cantidades menores de grasas y aceites. ¡Y no te excedas con los dulces!

Si tú y tus padres consultan a un médico o nutricionista, podrán aprender a elegir alimentos más saludables y mejorar sus hábitos como, por ejemplo, la cantidad de ejercicio que deben hacer. Todos los miembros de la familia pueden colaborar en el desarrollo de un estilo de vida más saludable.

Consejos para los niños acerca del peso
Mantener un peso saludable significa:

•Saber cuál es el peso correcto para tu edad, estatura y tipo de cuerpo (es en ese aspecto donde puede ser útil la charla con un adulto y la consulta a un médico o nutricionista).
•Darle a tu cuerpo la cantidad correcta de alimentos que sean buenos para ti. Con una nutrición apropiada, puedes crecer, jugar, tener un buen rendimiento en la escuela y sentirte bien contigo mismo.
•Hacer ejercicios diariamente para desarrollar músculos y huesos fuertes, y tener un corazón sano.
No te preocupes por el peso de tus amigos. En cambio, esfuérzate por conseguir el peso correcto para ti. Ser delgado no es necesariamente "bueno" ni tampoco es "malo" pesar un poco más, al igual que ser más alto no es necesariamente "bueno" ni ser más bajo es "malo". Si no tienes un peso saludable, comienza a hacer pequeños cambios para alcanzar tus metas en cuanto al peso. Ya sea para adelgazar o aumentar de peso, los hábitos alimenticios saludables y el ejercicio regular te ayudarán a lograr tus objetivos

¿HABLAR CON TU MÉDICO?

Asumámoslo: la vida puede volverse mucho más complicada cuando uno es adolescente. Aparte de todos los cambios corporales y emocionales que estás experimentando, tienes que tomar más decisiones, hacer más elecciones y afrontar más estrés en tu centro de enseñanza, el deporte, el trabajo, la familia e incluso tus amistades.

Entonces, ¿con quién puedes hablar sobre lo que te preocupa de tu desarrollo físico y emocional? Cuando no te apetezca comentárselo a tus amigos o a tus padres, tu médico puede serte de gran ayuda.

¿Por qué necesito hablar con mi médico?
Cuando eras un niño pequeño, tus padres se preocupaban de cosas como pedir hora de visita para llevarte al médico, comprarte los medicamentos que este te recetaba y asegurarse de que te los tomabas. Si te dolía algo o había algo que te preocupaba, tus padres eran quienes se encargaban de solucionarlo. Pero ahora que te estás haciendo mayor, tal vez quieras responsabilizarte más de tu salud —o tal vez se espere de ti que lo hagas. Forma parte del proceso de hacerse adulto y asumir el control.

Conforme te vayas haciendo mayor, las cuestiones a las que te tendrás que enfrentar se irán complicando y haciéndose más personales. Aunque, cuando eras niño, el tema de la salud apenas te interesara, ahora puedes empezar a tener dudas o preocupaciones sobre el desarrollo sexual, las emociones o el sobrepeso. Es importante encontrar a alguien con quien puedas hablar que esté bien informado y que te dé confianza.

Muchos adolescentes se encuentran cómodos hablando con sus padres sobre prácticamente cualquier cosa en cualquier momento. Pero, asumámoslo, eso no es algo que le ocurra a todo el mundo. Algunos adolescentes —a pesar de mantener una relación relativamente buena y abierta con sus padres— no se sienten cómodos hablando con ellos sobre determinados temas. Entonces, ¿qué se supone que deben hacer?

Por supuesto, siempre pueden hablar con un amigo —o consultar Internet. A veces eso puede ser un buen principio. Pero es posible que tus amigos no tengan realmente las respuestas que estás buscando —y no todas las páginas de Internet tienen un contenido preciso o actualizado.
Entonces será cuando te podrá ayudar tu médico o enfermero.

Los médicos y enfermeros tienen una formación que les capacita para ayudarte cuando haya algo que te preocupe relacionado con la salud o las emociones. Puedes hablar con ellos: te escucharán y te harán preguntas sobre lo que te preocupa. En eso consiste su trabajo.

Aunque al principio pueda darte vergüenza hablar sobre cuestiones personales o íntimas (como el desarrollo físico o la salud sexual), ayuda saber que los médicos están acostumbrados a tratar ese tipo de cuestiones —y todo tipo cuestiones— cada día. Y a veces ignorar los riesgos de no hablar con tu médico puede ser mucho peor que el apuro que puedas sentir al plantearle problemas de salud delicados.

Preocupaciones especiales para los adolescentes
Tal vez te estés desarrollando más deprisa o más despacio que tus amigos y quieras saber qué es lo que te pasa. Quizás haya momentos en que te sientes más deprimido o enfadado de lo habitual. Las nuevas sensaciones sexuales que estás experimentando y los comportamientos sexuales también te pueden confundir. Cuestiones que no te habías planteado hasta ahora, como las enfermedades de transmisión sexual (ETS) y el embarazo, pueden entrar súbitamente en tu ámbito de preocupaciones.

¿Cómo puedo hablar sobre cuestiones embarazosas?
Es completamente normal que te sientas nervioso cuando hables con tu médico sobre cuestiones como el sexo, las drogas, los problemas de alimentación, las preocupaciones relacionadas con el peso, la depresión, las ideas suicidas e incluso el olor corporal. Deberías poder hablar con tu médico sobre cualquier cosa, pero todos sabemos que eso es más fácil decirlo que hacerlo. Que te exploren y te hagan preguntas sobre tu cuerpo también puede resultarte violento, sobre todo si el médico te tiene que explorar partes de la anatomía que tú siempre habías considerado íntimas, como los genitales o los senos.

Para que la experiencia te resulte más llevadera, ten en cuenta las siguientes cosas:

•Tu médico ya lo ha visto antes. La mayoría de los médicos con experiencia han tratado a cientos o incluso miles de pacientes, o sea que lo más probable es que lo hayan oído, visto y hasta olido todo. Por muy problemático que te pueda parecer algo, probablemente no sorprenderá a tu médico.
•Tu médico está ahí para ayudarte, no para juzgarte o castigarte. Si has ido al mismo médico desde que eras pequeño, tal vez te preocupe que tu médico pueda sentirse decepcionado si quieres hablar con él sobre sexo u otras cuestiones personales que te preocupan. De todos modos, piensa que eso es lo que hacen cada día todos los médicos.
◦Lo que quiere tu médico es que estés sano, no juzgarte por algo que has hecho o que has dejado de hacer. Por este motivo, si te preocupa algún tema delicado, como la posibilidad de haber contraído una ETS, no deberías evitar ir al médico porque estás avergonzada o te preocupa lo que este podría pensar sobre ti. No querer saber si se han contraído determinadas enfermedades, como una ETS, solo puede empeorar las cosas y puede incluso propiciar un problema de salud permanente, como la infertilidad. Los médicos están para escuchar a sus pacientes respetuosamente, explorarlos, educarlos y tratarlos, no para criticarlos. Si te parece que tu médico te está juzgando o dando un sermón, habla con tus padres sobre cómo encontrar a alguien con quien te sientas más cómodo.
•Tu obligación consiste en hablar abierta y sinceramente con tu médico sobre tus síntomas y preocupaciones. Tu médico no te podrá ayudar a menos que se lo cuentes todo. Aunque te sientas incomodo, ser abierto y sincero solo te reportará beneficios. La mayoría de los médicos son conscientes de que la gente puede sentirse incomoda al hablar sobre cuestiones delicadas, por lo que intentan ser comprensivos.
◦Si no te sientes capaz de expresar en palabras tus preocupaciones, prueba a llevar una lista preparada a la consulta del médico para entregársela. La lista puede incluir problemas, síntomas, preguntas y preocupaciones. Este enfoque puede ayudarte a iniciar el proceso de comunicación y a relajarte un poco. Mucha gente comprueba que, una vez se atreve a sacar el tema y supera los primeros momentos de nerviosismo, se siente mucho más cómoda hablando abiertamente sobre lo que le preocupa.
¿Tienen que implicarse mis padres?
Muchos adolescentes se sienten cómodos hablando con sus padres sobre sus problemas, dudas o preocupaciones médicas, pero otros prefieren guardarse para sí ciertos aspectos de su salud. Puesto que, por lo general, los padres necesitan involucrarse en determinados aspectos del cuidado médico de sus hijos hasta que estos cumplen 18 años, puede ayudar encontrar un “punto intermedio" que te permita preservar la intimidad y satisfacer las necesidades de tus padres.

He aquí algunas ideas para enfocar la implicación de tus padres en tus cuidados médicos:

•Expresa tu deseo de adoptar un rol activo en el cuidado de tu salud. Empieza comentando a tus padres de qué cosas te gustaría encargarte tú, como pedir hora de visita con el médico, llamarle para hacerle preguntas y poder estar a solas con él durante toda la visita o parte de ella. La mayoría de los médicos permiten que un adolescente vaya a visitarse solo si previamente los llama uno de los padres del adolescente y les da su consentimiento para el tratamiento.
•Sopesa tus necesidades con las necesidades de tus padres. A tus padres no solo les interesa asegurarse de que recibes las mejores atenciones médicas, pueden necesitar involucrarse en el cuidado de tu salud por otros motivos, como el seguro médico familiar. La mayoría de estados exigen que los médicos cuenten con el consentimiento paterno antes de aplicar algunos tipos de pruebas y tratamientos médicos (de todo modos, hay algunas cosas de las que no tienes por qué informar a tus padres si preferirías guardártelas para ti —más adelante trataremos este tema más detenidamente).
◦Algunos médicos sugieren que padres y adolescentes estén presentes simultáneamente en la primera parte de la visita médica. Probablemente tus padres serán de gran ayuda al proporcionar información sobre tus antecedentes médicos y los antecedentes médicos familiares. Hecho esto, el médico puede pedirles a tus padres que salgan de la habitación para poder explorarte y hablar contigo a solas. Si tienes preguntas sobre temas íntimos o hay algo que te preocupa que no te apetece plantearle al médico con tus padres delante, ese será un buen momento para mencionar ese tipo de cuestiones.

A veces es necesario hablar con el médico antes de que surja un problema. Por ejemplo, si te estás planteando la posibilidad de empezar a mantener relaciones sexuales, seguir una dieta especial o automedicarte, deberías hablar abierta y sinceramente con un médico experto en quien confíes.
•Pide a tus padres que te ayuden a encontrar un nuevo médico si necesitas uno. Tienes derecho a tener un médico con quien te sientas cómodo y que te trate con respeto. Por descontado, el pediatra que has tenido desde que eras pequeño conoce tus antecedentes médicos mejor que nadie, pero, si no te sientes cómodo hablando con él por cualquier motivo, ¿qué puedes hacer? Pide a tus padres que te ayuden a encontrar a otro médico en quien tanto ellos como tú podáis confiar. Tal vez te ayude comentarles que te gustaría encontrar a un médico que tenga mucha experiencia con adolescentes.
◦Idealmente, lo mejor es que tus padres se involucrea en el cuidado de tu salud porque sus consejos y la información que te den podrán ayudarte a tomar las decisiones que más te convengan. Además, si todavía estás en la primera etapa de la adolescencia, es probable que tus padres se sientan más inclinados a supervisar tus cuidados médicos que si fueras mayor. De todos modos, a mucha gente le resulta muy difícil hablar con sus padres sobre determinadas cuestiones médicas o emocionales incluso si no tienen ningún inconveniente en hablar con ellos sobre la mayor parte de aspectos relacionados con la su salud. Es ahí donde entra en juego la confidencialidad.
¿Podré mantener en secreto la visita médica?
Es una buena idea que primero hables con tus padres sobre este tipo de cuestiones; es algo que hacen muchos adolescentes. Tu salud es lo más importante. Si te resulta imposible hablar con un padre u otro adulto responsable de tu familia, seguirás necesitando recibir cuidados médicos. Es ahí donde entra en juego la confidencialidad.

Por confidencialidad, entendemos que el tratamiento médico que recibes permanece estrictamente entre tú y tu médico —sin que sea necesario que tus padres den su consentimiento. La confidencialidad favorece la sinceridad y la apertura entre paciente y médico. La mayoría de estados garantizan que los adolescentes se puedan beneficiar de la confidencialidad en algunas cuestiones médicas delicadas, como la educación en salud sexual y el tratamiento de problemas de salud sexual, cuestiones de salud mental, como el suicidio y la depresión, y el consumo de drogas. La educación en salud sexual y el tratamiento de problemas de salud sexual incluyen el asesoramiento sobre temas sexuales, el control de la natalidad, las atenciones durante el embarazo y las pruebas para diagnosticar las ETS, así como los tratamientos de estas enfermedades.

Entonces, ¿dónde puedes obtener este tipo de servicios? Muchos médicos de familia no tienen ningún inconveniente en tratar a sus pacientes en edad adolescente confidencialmente, o sea que tal vez puedas preguntarle a tu médico de familia si estaría dispuesto a hacerlo. Si no estás seguro de si tu tratamiento va a ser confidencial, pregúntalo antes: algunos médicos tratarán a sus pacientes adolescentes de forma confidencial solamente si sus padres han dado previamente su consentimiento. La mayoría de los médicos no tienen ningún inconveniente en preservar la confidencialidad a menos que consideren que su paciente está en peligro o representa un peligro para otras personas —en estos casos, el médico está obligado a informar a los padres de sus pacientes adolescentes.

Algunos centros de enseñanza ofrecen consultorios médicos a los alumnos en horario escolar. Un adolescente también se puede dirigir a un centro de planificación familiar o al ginecólogo (un médico especializado en salud reproductora) de un centro de salud público para recibir asesoramiento sobre salud sexual y tratamiento de problemas sexuales de forma confidencial. Si no quieres que se enteren tus padres y, por lo tanto, no puedes utilizar el seguro médico familiar, estos centros suelen ofrecer servicios más baratos o facilitar los pagos a los adolescentes. La mayoría de consultorios médicos ubicados en los centros de enseñanza y en los centros sanitarios públicos que tratan a adolescentes son muy cuidadosos a la hora de preservar la confidencialidad.

A muchos padres les agrada la idea de que sus hijos adolescentes puedan ir al médico cuando lo necesiten. Comenta con tus padres la idea de ir al médico a solas cuando lo necesites. Puesto que el médico cobrará unos honorarios por sus servicios, deberías comentar con tus padres y el médico cómo organizaréis el tema de los pagos sin dejar de preservar la confidencialidad de la visita.

Cuanto mejor conozcas tu cuerpo, más podrás llevar el control de tu salud. Encontrar un médico a quien respetes y que te respete, alguien que te dé confianza y con quien te puedas abrir, es un gran paso para responsabilizarte del cuidado de tu salud para el resto de tu vida.